Germán Retana
¿Ha sentido usted alguna vez que su equipo no está avanzando sobre tierra firme debido a que sus miembros se tratan a la defensiva, especulan demasiado sobre sus capacidades, o tienen recelos de algunos de ellos o de personas cercanas con quienes se relacionan? Si en lugar de suponer verificamos los hechos, el rumbo del equipo será más estable y seguro.
El autor del libro "Los Cuatro Acuerdos," Miguel Ruiz, nos advierte que muchos de los problemas en las relaciones interpersonales se originan en las suposiciones que hacemos sobre las intenciones de los demás hacia nosotros. Al no verificar, nuestra mente se encarga de elaborar una gran trama que puede concluir en conflictos, ausencia de cooperación, pérdida de oportunidades para realizar grandes proyectos y hasta delirios de persecución que distancian a los miembros del equipo.
Incluso, el temor a verificar lo que suponemos, nos conduce a aumentar "novelas" mentales, emociones destructivas, o sueños infundados e irrealistas. Los supuestos pueden referirse también a una exageración de capacidades, apoyo, y cualidades que creemos tener. Claro que es muy conveniente poseer una alta autoestima y confiar en nuestros talentos, pues así nos atrevemos a enfrentar desafíos, el problema es cuando cruzamos la línea que divide la sensatez de la fantasía, la realidad de los deseos.
En esas elucubraciones nacen muchos de los conflictos que impiden a equipos y personas marchar a paso firme. Se invierte valioso tiempo preparando defensas, ataques, masajeando el dolor de las decepciones sobre otros o nosotros, o simplemente acrecentando dudas y emociones controversiales sobre los demás.
El costo de las suposiciones es altísimo. Si son negativas, habrá estancamiento, avance lento e inestable, excesivas precauciones, desconfianza, conversaciones superficiales, y evasión de confrontaciones que pueden ser necesarias. Si, por el contrario, son colosalmente optimistas, habrá un cruento choque con la realidad que estimula el rompimiento de la credibilidad, de la unión de grupo, que también podría haberse supuesto, desmotivación y frustraciones a granel.
Entonces, ¿qué hacer? El primer paso es tomar conciencia de que estamos haciendo suposiciones; el segundo es verificar datos que las ratifiquen o eliminen. Esto requiere indagar hechos pero, especialmente, dialogar de frente con los involucrados en esas elucubraciones. Parece simple, pero no lo es, pues necesitamos aceptar que somos vulnerables, que podemos padecer del mal que achacamos a otros, que a veces nos engañamos con pensamientos fantasiosos para disfrazar realidades que queremos evadir.
Los equipos que basan sus relaciones y conversaciones en hechos verificables son más exitosos. ¿Será porque están integrados por personas que preguntan y confirman, antes que suponer y reaccionar sin fundamentos?
19 Abril 2010
lunes, 19 de abril de 2010
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